Emilio Cardone

Feral

Desde tiempos inmemorables pintamos cavernas, ya sea para divinizar algo o alguien, o para enfrentar la soledad o los temores; prefiero pensar que lo hacemos para no vivir siempre en una misma línea del tiempo.

Me gusta imaginar que a este disco lo traje de las profundidades del mar, que lo encontré adentro de un barco ya hundido, ya roído por el tiempo y las vicisitudes del agua y la sal; que tuve que atravesar desiertos dorados para encaminarme a un lento y grave sueño del que sólo se puede escapar por la tangente del mismo, y así entrar en otro sueño que va a devenir en un próximo y aún, en otro más.

Debo decir también, que en la necesidad de ver que la vida se va en un parpadeo, fantaseé con el espacio infinito y la desesperación de saber que todo lo que somos, hacemos y tenemos, es apenas nada en el cosmos.

Algunos insectos dejan un exoesqueleto para moverse a otra fase, ese es el corazón de Feral.

Me gusta pensar que las canciones de este disco son cuentos fantásticos, que corren esa suerte, y también ese peligroso destino.